Los padres se apresuran a llenar las tardes de otoño con kits STEM, cajas de suscripción y juguetes que prometen resultados de genio. El salón parece un laboratorio de start-up, y aun así la chispa se siente más apagada que nunca. ¿Y si el tiempo vacío, ese que hace que un niño diga «me aburro», fuera el verdadero combustible que le falta a tu hijo?
Mi hijo estaba tirado en la alfombra, abriendo y cerrando la tapa de un rotulador, y soltó la frase que manda a los adultos directos a Amazon: «Me aburro». Todos hemos vivido ese momento en el que las ganas de solucionarlo suenan más fuerte que la voz del niño. Miré la estantería llena de juguetes ingeniosos y promesas brillantes, y no hice nada. Él siguió ahí, inquieto. Dos minutos después estaba construyendo un «hospital de dinosaurios» con pinzas de la colada y un paño de cocina. Algo cambió.
Por qué el aburrimiento puede ser un superpoder creativo
El aburrimiento no es un fallo de crianza. Es una pausa, y dentro de esa pausa la mente divaga, prueba ideas y recoge hilos sueltos. Observa a un niño en ese espacio y lo verás: la mirada perdida, los dedos tamborileando y, de repente, un impulso de coger cinta adhesiva, una cuerda, una caja. Eso no es pereza. Es el primer destello de la invención calentando motores.
Hay una historia que me encanta de una profesora de arte que confiscó los pinceles durante una semana. La clase protestó y, después, empezó a pintar con los dedos usando hojas, tapones de botella y el borde áspero de una esponja. Los trabajos tenían vida. Los estudios sobre la ensoñación señalan que el «modo por defecto» del cerebro se activa durante el tiempo no estructurado, la misma red vinculada al pensamiento divergente. Es como un equipo entre bambalinas corriendo de un lado a otro cuando baja el telón.
Cuando los niños no tienen nada que hacer, su atención deja de buscar el siguiente chute y empieza a asentarse. Las ideas necesitan esa quietud. Aparece un juego nuevo porque los antiguos han perdido su brillo. Aquí es donde la creatividad se cuela. La verdad es que un poco de incomodidad despierta la imaginación más que cualquier juguete que parpadee. El aburrimiento tiene una forma: primero la queja, luego la deriva y después el hacer.
Cómo invitar al buen aburrimiento este otoño
Crea límites suaves que, en silencio, digan: «Tú puedes con esto». Elige una franja diaria después del cole o los fines de semana por la mañana en la que no haya juguetes con pilas, ni pantallas, ni compras nuevas. Saca una bandeja baja con cosas variadas -tubos de cartón, pinzas, cuerda, un rollo de cinta- y da un paso atrás. Di: «Estaré cerca», y resiste la tentación de ir narrando su juego.
Te entrarán ganas de participar. Querrás mejorar la nave espacial, ponerle nombre al museo, arreglar el fuerte. Espera. Deja que el desorden respire cinco minutos antes de tocarlo o de proponer el siguiente paso. Los niños necesitan el silencio de nuestra atención, no el ruido de nuestras ideas. Seamos sinceros: nadie lo consigue todos los días. Prueba tres veces esta semana y observa qué cambia.
Cuando empiece el coro de «me aburro», responde con un ritual simple. Ofrece elegir un espacio -suelo de la cocina, pasillo, porche- y una única sugerencia abierta, como «haz un puente para un coche de juguete» o «inventa un sombrero nuevo».
«El aburrimiento no es el enemigo del aprendizaje; es el compost. Todo crece a través de él». - una directora de primaria que conocí en Leeds
- Tarro de propuestas de otoño: 20 papelitos con verbos -construir, clasificar, envolver, apilar, calcar.
- Bandeja de texturas: hojas, cordel, papel de aluminio, bolsas de papel, cinta washi, retales de tela.
- Ancla de tiempo: un reloj de arena o una lista de reproducción con tres canciones para marcar la franja de creación.
- Estante de “muestra y cuenta”: un sitio para exponer la creación de hoy y empezar de cero mañana.
Qué desaprender sobre juguetes, tiempo y «juego productivo»
Estamos entrenados para pensar que los juguetes deben enseñar una habilidad ya. La creatividad real aprende de lado. Quita la presión por rendir y verás volver la curiosidad. Cambia la pregunta «¿Qué has hecho?» por «¿Qué has notado?» Ese pequeño cambio invita a centrarse en el proceso en lugar del resultado, que es donde se esconden los avances.
Hay una trampa en hiper-curar el juego. Elegimos el kit perfecto, leemos las instrucciones, marcamos el objetivo y, entonces, los niños nos siguen a nosotros en lugar de seguir la idea que tienen en la cabeza. Resultado final: cumplimiento, no creatividad. Devuélveles las riendas. Ofrece materias primas, no guiones. Si usan un escurridor como máscara y no como utensilio de cocina, por fin el escurridor habrá encontrado su destino.
No confundas el silencio con estar atascado. Algunos niños imaginan en voz alta; otros construyen dentro de su mente durante mucho rato antes de que las manos alcancen a la idea. El silencio no es una señal de alarma; es un taller. Si la ansiedad sube, ponle nombre a la emoción y reduce la tarea: «Vamos a pegar dos cosas con cinta». El impulso avanza por puertas pequeñas. Una vez que entra, rara vez se detiene.
El otoño es generoso en ese sentido. Los días se acortan, la luz se vuelve cobriza, y la casa se transforma en un laboratorio de sombras, papel y paciencia. Dale una silla al aburrimiento en la mesa y traerá regalos extraños y hermosos que no se te habría ocurrido pedir. La creatividad no necesita fuegos artificiales. Necesita espacio. Necesita un poco de viento y mucho de nada. El resto llega solo.
| Punto clave | Detalle | Interés para el lector |
|---|---|---|
| El aburrimiento impulsa el pensamiento divergente | El tiempo no estructurado activa el «modo por defecto» del cerebro, donde las ideas se mezclan y se recombinan | Entender por qué las tardes vacías producen un juego sorprendentemente original |
| Menos curación, más materiales en bruto | Ofrece cartón, cinta, cuerda, hojas y sugerencias abiertas en lugar de kits paso a paso | Gastar menos y lograr más implicación y sentido de autoría en los niños |
| El proceso gana al producto | Cambia las preguntas de «¿Qué has hecho?» a «¿Qué has notado?» | Reducir la presión por rendir y encender una curiosidad más profunda |
FAQ:
- ¿No es el aburrimiento simplemente tiempo perdido? No. El aburrimiento es la pausa que permite al cerebro divagar, conectar ideas y probar combinaciones extrañas. Es el terreno donde empieza el riesgo creativo.
- ¿Cuánto tiempo debería dejar que mi hijo se aburra? Piensa en ventanas pequeñas: 10–20 minutos para los más pequeños, 30–45 para los mayores. Usa un reloj de arena o dos canciones para acotarlo sin microgestionar.
- ¿Y si mi hijo se frustra y tiene una rabieta? Normaliza la emoción y haz la tarea más pequeña. Ofrece un material y un verbo: «cuerda y enrolla», «cajas y apila». Primero co-regula y luego da un paso atrás.
- ¿Necesito juguetes especiales para esto? No. Reciclaje, utensilios de cocina, cinta, hallazgos de la naturaleza. Los juguetes sofisticados pueden sumarse más tarde, pero la magia está en los materiales abiertos y el espacio a su alrededor.
- ¿Cómo mido el progreso creativo? Busca señales como tramos más largos de iniciativa propia, nuevos usos para objetos viejos, narración lúdica y orgullo por el proceso. El mejor dato es la chispa en sus ojos.
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