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No hace falta ser experto para hacer este foie gras: yo uso el microondas y me sale mucho más barato.

Mano sirviendo gratinado de patatas en cuenco de vidrio sobre tabla de madera, junto a croissants y vaso de té.

La primera vez que vi a alguien hacer foie gras en el microondas, sinceramente pensé que era una broma.

Estábamos en un piso diminuto de París, de esos en los que la cocina es prácticamente un pasillo, y mi amigo sacó del frigorífico un hígado pálido y crudo como si no fuera nada. Ni cazo de cobre, ni termómetro, ni chaquetilla de chef. Solo una terrina de cristal, film transparente y un microondas que parecía más viejo que nuestra amistad.

Diez minutos después, había un bloque de foie gras perfectamente cuajado descansando sobre la encimera. Ni salpicaduras en la placa. Ni ansiedad por las “curvas de temperatura”. Solo una loncha rica y sedosa que sabía como si hubiera salido de una cocina de restaurante con manteles blancos y copas de vino de 18 euros.

En ese momento me di cuenta de algo: quizá llevamos tiempo complicando a propósito la comida festiva. O peor: dejando que las etiquetas de precio nos asusten y nos alejen de lo bueno.

Sin diploma de chef ni artilugios: solo tú, un hígado y un microondas

El foie gras tiene un aura intocable. Se asocia a Navidad, bodas, cumpleaños señalados. Está detrás de vitrinas en las tiendas gourmet, envuelto en etiquetas doradas y palabras en francés que te da un poco de miedo pronunciar mal. El mensaje es claro: esto no es para la gente de a pie; esto es para “conocedores”.

Y, sin embargo, el producto en crudo -el lóbulo de hígado de pato o de oca- es sorprendentemente accesible. Se encuentra en mercados, en algunos supermercados, y online a productores locales. Cuando lo compras crudo, no pagas por el envoltorio bonito, los logos o la historia impresa en la lata. Pagas por el ingrediente, no por la imagen que lo acompaña.

Ahí es donde el microondas entra en escena, discretamente. Sin flambear. Sin baño María. Sin el estrés de pasarte de cocción en los fogones. Metes la terrina, ves pasar los segundos, y de pronto ese producto intimidante se comporta como cualquier plato casero. Y esa distancia entre “lujo” y “esto lo puedo hacer” empieza a reducirse.

Una mujer con la que hablé siempre había soñado con servir foie gras en Navidad, pero se echaba atrás en el último momento. Demasiado caro, demasiado arriesgado, demasiado “¿y si lo estropeo y tiro 50 euros de golpe?”. Hasta que vio un vídeo rápido sobre foie gras al microondas y decidió probarlo un domingo lluvioso de noviembre, mucho antes de la gran comida familiar.

Compró un hígado pequeño de pato a un productor local, se pasó quince minutos desvenándolo y sazonándolo, y siguió un método básico de microondas. Cuando lo sacó y se enfrió, lo cortó, lo probó y al instante escribió a todos sus primos: “Este año hacemos foie gras. Casero. Sin trampas”. Su coste total por persona, cuando hizo números, terminó siendo más bajo que el del salmón ahumado.

Esa es la parte que casi nadie te cuenta. En cuanto eliminas el embalaje y a los intermediarios, el foie gras se parece más a un buen queso o a un buen corte de carne que a un lujo inalcanzable. Y al usar el microondas no solo recortas gastos: reduces el riesgo de arruinar la textura, porque la cocción es más rápida, más predecible y mucho más fácil de ajustar en incrementos mínimos.

También hay un cambio psicológico. Cuando compras un bloque ya hecho por 30 o 40 euros, lo cortas con la sensación de que cada milímetro debe salir perfecto. Cuando lo haces tú en una fuente pequeña de cristal, con tus manos, de pronto te permites experimentar. Ajustar las especias. Añadir un chorrito de armagnac o, por qué no, un poco de bourbon. La comida deja de ser sagrada y pasa a ser tuya.

El método al microondas que cambió mi mesa festiva

La técnica básica suena casi demasiado simple. Empiezas con un foie gras crudo, idealmente ya desvenado o al menos a temperatura ambiente para que sea más fácil de trabajar. Lo separas con suavidad con los dedos, siguiendo los lóbulos naturales, y retiras las venas principales como si sacaras hilos de una tela. No hace falta que quede perfecto en esta fase. Esto es cocina casera, no un plató de televisión.

Sazonas cada cara con sal, pimienta, quizá un toque de azúcar, y el alcohol que elijas: coñac, oporto, Sauternes, incluso un chorrito de vino dulce. Luego vuelves a montar los trozos en una terrina pequeña o un cuenco (ramequín) forrado con film transparente, presionando ligeramente para eliminar bolsas de aire grandes. Cubres la parte de arriba, pinchas uno o dos agujeritos para que escape el vapor, y lo metes en el microondas a potencia media en tandas muy cortas.

El objetivo no es “freírlo” a lo bestia. Cocinas en intervalos de 20 a 30 segundos, vigilando ese momento en el que la grasa empieza a derretirse y a subir por los bordes. Esa es la señal. Paras, dejas reposar un minuto, quizá das un último golpe de 10 segundos, y luego lo dejas tranquilo sobre la encimera antes de enfriarlo en el frigorífico durante al menos 24 horas. La espera es, probablemente, el paso más difícil.

¿Las trampas? La mayoría están en nuestra cabeza. Creemos que en casa hay que replicar las cocinas profesionales, con termómetros, sopletes perfectos y cazos de cobre. Seamos sinceros: nadie hace eso de verdad todos los días. En casa lidiamos con tardes ajetreadas, niños en el salón, vecinos llamando, temporizadores pitando por otra cosa.

Un error frecuente es cocinar a máxima potencia por impaciencia. El hígado se sobrecalienta, la textura se vuelve granulosa y la grasa se separa como una salsa cortada. Empezar suave y parar pronto da mucho más control. Otro clásico es no dejar reposar el foie gras el tiempo suficiente en la nevera. Recién hecho puede parecer aceitoso, un poco tembloroso, casi decepcionante. Cuarenta y ocho horas después, los sabores se han asentado, parte de la grasa se ha reabsorbido y la textura es pura seda.

Y luego está el factor culpa. A algunas personas les parece que es “hacer trampas” usar microondas para algo tan tradicional. La verdad es que las recetas familiares siempre han evolucionado según lo que había a mano. Tu abuela usaba lo que tenía. Hoy, lo que tienes es un microondas en un rincón de la cocina, zumbando como una vieja scooter fiel.

“El primer año que hice foie gras al microondas, no le dije a nadie cómo lo había cocinado”, se ríe Julien, 39, que organiza la Navidad para toda su familia extensa. “Mi tío, que tiene opiniones sobre todo lo relacionado con la comida, repitió. Y luego repitió otra vez. Solo después del postre mencioné el microondas. Me miró como si le acabara de decir que había venido en una nave espacial”.

Hay una satisfacción tranquila en saber que has conseguido algo que parece caro, sabe a fiesta y no ha reventado tu presupuesto. Y sí, a veces se trata de esa pequeña sensación de rebeldía al servir un plato “de lujo” cocinado de la manera más corriente.

  • Empieza en pequeño: prueba primero una terrina diminuta, solo para ti o para dos personas. Menos presión, más diversión.
  • Apunta los tiempos: cada microondas es distinto. Anota lo que te funciona una vez y ya tienes tu fórmula mágica personal.
  • Déjalo reposar bien.
  • Juega con acompañamientos: chutney de higos, mermelada de cebolla, brioche tostado o incluso pan de pueblo sencillo cambian por completo la experiencia.
  • Comparte el secreto: enseñarle este truco a otra persona puede convertirse en una tradición navideña en sí misma.

Por qué este método “vago” de foie gras en realidad cambia cómo cocinamos

El foie gras al microondas no es solo un truco. Es casi un pequeño acto de democracia culinaria. Al bajar la barrera -sin herramientas especializadas, sin un gran presupuesto, sin habilidades de chef- devuelve a las cocinas domésticas un plato que antes parecía atrapado detrás de los mostradores de cristal. De repente, la comida festiva no pertenece solo a los restaurantes o a los compradores con más dinero.

También cambia la conversación sobre lo que “cuenta” como cocina de verdad. A nivel humano, muchos estamos equilibrando trabajo, niños, padres mayores y cuentas bancarias que no sonríen tanto como querríamos. Así que poder ofrecer algo generoso, casi lujoso, sin gastarte medio sueldo ni todo el fin de semana… eso no es solo comodidad, es dignidad.

En lo personal, he visto a cocineros tímidos iluminarse cuando sacan una terrina casera. Personas que normalmente se quedan en la ensalada o en los postres comprados de pronto ocupan el centro con un plato que hace que los invitados se queden callados un segundo antes del primer bocado. Todos hemos vivido ese momento en que un plato casero crea un silencio en la mesa, ese minúsculo instante de respeto. Sea microondas o no, ese momento es real.

Puede sonar como otro truco más de cocina. Pero en cuanto lo haces una vez, empiezas a cuestionarte otras recetas “intocables”. ¿Qué más hemos complicado más de lo necesario?

¿Qué otros alimentos están ahí en la estantería, esperando a que entendamos que, detrás del precio y la mitología, solo hay un ingrediente simple y un poco de valentía?

Punto clave Detalle Interés para el lector
Método al microondas Tandas cortas a potencia media, luego largo reposo en el frigorífico Permite lograr un foie gras casero sin técnica profesional
Ventaja de coste Comprar el hígado crudo y prepararlo tú reduce el precio por loncha Ofrecer un plato “de lujo” a menor coste para fiestas u ocasiones especiales
Cambio psicológico Romper el mito de que el foie gras es solo para expertos o restaurantes Devolver confianza a quienes cocinan a diario y ganas de atreverse

FAQ

  • ¿Es seguro comer foie gras hecho al microondas? Sí, si usas foie gras fresco y de calidad y lo cocinas correctamente. Las tandas cortas y controladas de calor cuecen parcialmente el hígado y lo pasteurizan lo suficiente para consumo doméstico, siempre que luego se enfríe bien.
  • ¿Sabe tan bien como el foie gras tradicional? Muchos cocineros caseros se sorprenden al ver que el sabor y la textura son muy parecidos a los métodos clásicos de terrina. Algunos incluso lo prefieren porque la cocción suave lo mantiene muy fino y delicado.
  • ¿Cuánto tiempo aguanta el foie gras casero al microondas? Guardado en un recipiente hermético en la parte más fría del frigorífico, suele durar de 5 a 7 días. Algunas personas vierten por encima una capa fina de grasa derretida para protegerlo del aire y alargar un poco su vida.
  • ¿Puedo congelar el foie gras al microondas? Se puede, pero la textura puede cambiar algo. Si lo congelas, envuélvelo muy bien y descongélalo lentamente en la nevera. Muchos prefieren servirlo fresco dentro de la semana para un mejor sabor.
  • ¿Y si no tengo una terrina? No pasa nada. Un recipiente pequeño de cristal o cerámica, incluso un molde de cake forrado con film transparente, funciona perfectamente. La clave es una forma compacta para que el foie gras cuaje bien y se pueda cortar limpio.

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