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Hacer la colada a esta hora del día puede reducir notablemente el coste de la electricidad.

Persona colocando ropa blanca en una lavadora en una cocina moderna con plantas y reloj sobre la encimera.

Fuera, las farolas acababan de empezar a parpadear, y en algún punto del edificio un vecino dio un portazo después de lo que sonó como un día largo. Sobre la mesa de la cocina, una factura de la luz estaba abierta: una fea mezcla de números y subrayados amarillos. De esos papeles que lees dos veces, con la esperanza de haber entendido mal a la primera.

En el móvil, la persona propietaria de la vivienda no estaba haciendo scroll en redes sociales, sino en la app de su comercializadora eléctrica. Apareció una gráfica con picos y valles, como una extraña cordillera. Una cosa quedó clarísima: esos picos coincidían casi perfectamente con la hora de poner la lavadora. Camisas, calcetines, pijamas… de pronto, todo parecía carísimo.

Aquella noche hicieron algo distinto. Cargaron la máquina, programaron un inicio diferido y se fueron a dormir. La siguiente factura contó el resto de la historia.

Por qué la hora del día importa más de lo que crees

La mayoría de la gente piensa en “cada cuánto” usa la lavadora. Casi nadie piensa en cuándo la usa. Sin embargo, la hora a la que pulsas el botón de Inicio puede cambiar en silencio lo que pagas cada mes. Una colada a las 19:00 de un día laborable no cuesta lo mismo que una a las 2:00 o a las 11:00 de un domingo.

Las compañías eléctricas no lo proclaman a gritos, pero sus precios respiran con el ritmo del día. Cuando todo el mundo cocina, se ducha, carga dispositivos y pone lavadoras a la vez, la red se resiente y los precios suben. Cuando la mayoría duerme o está fuera de casa, la demanda cae. Tu lavadora es la misma máquina… pero no el mismo precio.

En muchas zonas, ese ahorro silencioso vive en las horas valle. El giro está en que rara vez aparecen en negrita en tu factura. Hay que ir a buscarlas. Pero cuando las encuentras, la colada deja de ser solo una tarea y empieza a parecerse bastante a una pequeña estrategia financiera.

Pensemos en el Reino Unido, por ejemplo. En determinadas tarifas por franjas horarias, mover electrodomésticos “pesados” como lavadoras y secadoras a horas valle puede recortar el coste de esas coladas un 30–50%. En partes de EE. UU., las tarifas “súper valle” de madrugada o a primera hora pueden costar menos de la mitad que el precio estándar diurno. Una familia californiana controló su consumo durante un mes y trasladó todas las coladas a después de las 21:00. Su factura bajó aproximadamente 18 dólares… solo con ese cambio.

Historias así se repiten también por Europa. En Francia y España, muchísimos hogares tienen planes de doble periodo: horas punta y horas valle. Lavas a las 19:00, pagas la tarifa alta. Lavas a las 23:00 o a mediodía de un miércoles tranquilo, y exactamente el mismo ciclo cuesta bastante menos. No es glamuroso. No saldrá en titulares. Pero a escala anual, esa pequeña diferencia puede acumularse en silencio hasta convertirse en una escapada de fin de semana o en un mes de compra.

La lógica es sencilla: las redes eléctricas se dimensionan para los peores momentos de hora punta. Cuando todo el mundo quiere energía, el sistema tiene que recurrir a fuentes de electricidad más caras. Ese mayor coste de producción acaba reflejándose en tu factura. En periodos de baja demanda, la red puede apoyarse en generación más barata y estable. Y con las renovables en la mezcla, incluso hay momentos en que hay “demasiado” viento o sol, lo que empuja los precios a la baja en algunas zonas.

Por eso las comercializadoras nos empujan con señales de precio. Premian a quien desplaza las tareas de alto consumo a horas más tranquilas. Tu lavadora, funcionando entre 60 y 90 minutos, es una de esas tareas. La pones a la hora equivocada y te subes a la ola de la punta. La pones en horas tranquilas y surfeas la barata. Es la misma colada, solo que una línea distinta en tu cuenta bancaria.

La hora concreta del día que de verdad puede recortar el coste de tus coladas

Para muchos hogares con tarifas por franjas o de doble periodo, el punto óptimo es desde última hora de la noche hasta la madrugada: aproximadamente de 22:00 a 6:00. Es cuando la demanda cae en picado, la gente apaga las luces, se silencian los televisores y la red por fin se relaja. En algunas tarifas, este tramo nocturno puede ser dramáticamente más barato. Lavar la ropa en esa ventana es como comprar el mismo producto en una rebaja secreta.

No todo el mundo quiere plantarse delante de una máquina a medianoche, claro. Ahí es donde las funciones de inicio diferido se convierten discretamente en una herramienta de ahorro. Cargas el tambor a las 20:00, añades detergente, eliges el programa y programas el inicio para las 2:00. Mientras duermes, la lavadora trabaja al precio más bajo del día. Por la mañana, todo está listo para tender. Sin ruido nocturno “en directo”, sin esperas, solo ropa limpia más barata.

A nivel humano, los hábitos importan más que los ajustes. Mucha gente echa la ropa a la lavadora justo al llegar del trabajo, cuando está cansada y el día se ha hecho largo. Eso suele coincidir de lleno con las horas punta. Cambiar ese momento a “déjalo programado y olvídate” antes de acostarte puede marcar la diferencia. No has cambiado mucho tu estilo de vida. Solo has dejado que el reloj haga parte del trabajo.

En las tarifas de precio variable, las compañías a veces publican los precios por hora del día siguiente. En varios países europeos eso significa que, literalmente, puedes abrir una app a la hora de cenar y ver cuándo será más barata la electricidad mañana. Una y otra vez aparece el mismo patrón: ganan las horas de primera madrugada. Los ciclos iniciados entre aproximadamente la 1:00 y las 5:00 suelen salir mucho más baratos que los iniciados entre las 17:00 y las 21:00.

Para quienes no tienen tarifas especiales, madrugar o lavar tarde también puede ayudar. Incluso los planes de precio fijo a veces esconden variaciones sutiles, y algunos proveedores están pasando poco a poco a la facturación por franjas. Si adoptas ahora el hábito de “lavadoras tardías”, ya estarás alineado con hacia dónde va el mercado. Una encuesta en el Reino Unido encontró que los hogares que ponían habitualmente sus grandes electrodomésticos fuera del tramo 16:00–19:00 gastaban notablemente menos, incluso antes de que cambiasen oficialmente las tarifas.

También hay un ángulo de seguridad y convivencia que se cruza con este horario. Poner una lavadora ruidosa a las 3:00 en un edificio con paredes finas no es precisamente amable. Por eso mucha gente elige el final de las horas valle: iniciar un ciclo sobre las 22:00 o 23:00, cuando la mayoría de vecinos aún está despierta, y dejar que termine antes de las horas de verdadero silencio. Es un compromiso: sigues aprovechando electricidad más barata, sin ser esa persona que hace temblar las tuberías al amanecer.

Pequeños ajustes que hacen que lavar sea realmente más barato

El truco del horario funciona mejor si lo acompañas de un movimiento más: bajar la temperatura. La mayor parte de la electricidad que consume la lavadora se va en calentar el agua. Poner un lavado a 30 °C o en frío durante las horas valle multiplica el ahorro. De pronto, ese ciclo de 40 minutos “sorbe” electricidad en lugar de “tragársela”.

Los detergentes modernos están diseñados para funcionar a temperaturas más bajas. Para ropa de diario -pijamas, camisetas y vaqueros- un lavado más fresco suele ser suficiente. Reserva los ciclos calientes para toallas, ropa de cama o cuando la higiene sea innegociable. Combínalo con un inicio nocturno o de madrugada, y cada colada costará sensiblemente menos que tu viejo hábito de “alta temperatura a las 18:00”.

Muchas lavadoras también tienen modo eco. Suele durar más, lo que al principio puede resultar molesto. Pero normalmente utiliza menos energía en total. Si lo programas bien dentro de esas horas baratas, la mayor duración no te perjudica en precio. Simplemente estira tus euros (o dólares) sin hacer ruido.

En un plano más cotidiano, mucha gente cae en la trampa de la “colada de pánico”. Esperan hasta quedarse sin calcetines limpios y entonces ponen una lavadora con el tambor a medias a la hora que sea. Eso significa precios altos, mala eficiencia y esa sensación creciente de ir siempre tarde. Un ritmo semanal sencillo suele funcionar mejor: elige dos ventanas valle a la semana y respétalas todo lo que te permita la vida.

Un domingo por la noche, por ejemplo, puedes poner una colada de colores mezclados, programarla para las 2:00 y despertarte con una tanda lista para tender. A mitad de semana, haces lo mismo con toallas o ropa deportiva. No estás pensando en la colada todos los días. Estás dejando que esas horas baratas programadas hagan su trabajo poco a poco. Seamos sinceros: nadie hace esto realmente todos los días.

El ruido y la seguridad también importan. Si te inquieta que la lavadora funcione mientras duermes, considera el borde de las horas valle: temprano por la mañana antes de que se despierte todo el mundo, o tarde por la noche mientras aún estás en el salón. Mantienes sensación de control y, aun así, te beneficias de una menor demanda en la red.

“El mayor ahorro no viene de comprar un electrodoméstico nuevo”, explica un asesor energético con el que hablé. “Viene de usar lo que ya tienes en el momento adecuado y de la forma adecuada. Es hábito, no hardware.”

Para hacerlo práctico, aquí tienes una lista mental rápida que puedes repasar antes de pulsar Inicio:

  • ¿Estoy dentro de mi tramo valle o al menos fuera de 17:00–21:00?
  • ¿Puedo bajar la temperatura un punto?
  • ¿El tambor está razonablemente lleno, pero sin ir a reventar?
  • ¿Puedo usar el inicio diferido para encajar en una hora más barata?
  • ¿El ruido molestará a alguien a estas horas de la noche o de la mañana?

En una semana ajetreada no marcarás todas las casillas. No pasa nada. El objetivo no es la perfección. Es ganar pequeñas batallas constantes que apenas notas en tu agenda, pero que sí se ven en la factura.

Una nueva forma de mirar una tarea muy antigua

Hacer la colada no parece una decisión financiera. Parece un gesto básico de la vida diaria: un cesto que se llena, una máquina que gira, una fila de ropa que se seca poco a poco. Pero bajo esa rutina hay una conversación silenciosa entre tu casa y la red eléctrica. El horario es el idioma de esa conversación.

Cuando lo ves, ya no puedes “dejar de verlo”. Empiezas a fijarte en cuándo se ilumina el edificio por la noche, cuándo los vecinos ponen secadoras, cuándo sube y baja el zumbido de los electrodomésticos. Te das cuenta de cuántos hábitos se amontonan en las mismas horas de la tarde. Un pequeño cambio -pasar la colada a última hora o a la noche- empieza a parecer mucho menos una limitación y mucho más una elección.

A nivel personal, también hay una satisfacción extraña en ganarle la partida a la factura. No te estás privando de calefacción, de luz o de duchas calientes. Simplemente estás guiando una de tus tareas más voraces en consumo hacia la parte más barata del día. Es una pequeña rebelión contra esa sensación de impotencia al abrir un sobre con tu nombre y un total que no esperabas.

Todos hemos vivido ese momento en que llega una factura y notas un nudo en el estómago. Convertir la lavadora en una aliada minúscula en lugar de una enemiga oculta no lo soluciona todo. Pero inclina un poco la balanza. Recuperas algo de control, ciclo a ciclo, con cada zumbido nocturno.

Punto clave Detalle Interés para el lector
Elegir las horas valle Poner lavadoras entre aproximadamente las 22:00 y las 6:00 en tarifas con discriminación horaria Pagar hasta un 30–50 % menos por cada ciclo
Usar el inicio diferido Programar la lavadora para que empiece durante las horas más baratas Aprovechar tarifas bajas sin desvelarse ni cambiar radicalmente la rutina
Combinar con lavados a baja temperatura Priorizar 30 °C o programas eco para la ropa de diario Reducir aún más el consumo eléctrico y la factura total

Preguntas frecuentes (FAQ)

  • ¿Cuál es la mejor hora del día para hacer la colada y ahorrar dinero? En la mayoría de tarifas por franjas, sale más barato de última hora de la noche a primera hora de la mañana -aprox. de 22:00 a 6:00-. Consulta la ventana de horas valle de tu compañía y encaja ahí tus ciclos de lavado.
  • ¿De verdad es seguro poner la lavadora por la noche? En general, las lavadoras modernas son seguras si están bien mantenidas y conectadas correctamente. Si te da reparo, usa la parte inicial del valle (sobre las 22:00–23:00) para estar despierto mientras funciona.
  • ¿Lavar a temperaturas más bajas limpia bien la ropa? Para prendas de uso diario, sí. La mayoría de detergentes actuales están formulados para ciclos de 20–30 °C. Reserva lavados más calientes para toallas, ropa de cama o cuando alguien esté enfermo.
  • ¿Y si mi tarifa eléctrica no tiene horas valle? Incluso con precio fijo, evitar el “rush” de 17:00–21:00 puede ayudar, sobre todo a medida que más proveedores avancen hacia precios por franjas. Además, así estarás preparado si más adelante cambias a una tarifa con discriminación horaria.
  • ¿Cambiar la hora de la colada puede notarse de verdad en la factura? En muchos hogares, sí. Electrodomésticos como lavadoras y secadoras tiran bastante de potencia. Moverlos a horas más baratas puede recortar varios puntos porcentuales del coste mensual con el tiempo, y eso suma a lo largo del año.

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