Saltar al contenido

Adiós a las multas: estos son los nuevos márgenes oficiales de los radares.

Persona conduciendo un coche en una carretera despejada con GPS visible en el salpicadero.

El conductor del compacto gris ni siquiera mira el velocímetro.

Martes lluvioso, mochilas de los niños en el asiento trasero, la radio mascullando las noticias del tráfico. Delante, una caja amarilla de radar aparece tras un árbol como un invitado sorpresa. Al instante, el pie se levanta, los hombros se tensan, la mirada cae al marcador. 33 mph en una zona de 30. ¿Demasiado tarde?

Al pasar bajo la lente, llega ese pequeño latigazo eléctrico en el estómago. ¿Ha saltado el flash? ¿Ha sido un reflejo o el final de un mes de presupuesto tranquilo?

Para cuando alcanzas el siguiente cruce, ya estás haciendo cuentas: puntos, multa, seguro. Y te preguntas algo muy simple, muy humano. ¿Cuánto puedo pasarme realmente del límite antes de que la cámara diga: «Te pillé»?

Nuevas tolerancias de los radares: ¿qué está cambiando en realidad?

En todo el país, los cuerpos policiales y las autoridades de carreteras están actualizando discretamente las reglas que determinan cuándo dispara un radar. Sin grandes eslóganes, sin fuegos artificiales. Solo un nuevo conjunto de «tolerancias» que puede marcar la diferencia entre un carné limpio y una carta dolorosa en el buzón.

Durante años, muchos conductores se han apoyado en una norma medio susurrada: el límite de velocidad más el 10% más 2 mph. Así, 35 mph en una zona de 30, 46 en una de 40, y así sucesivamente. Ahora, varias regiones están reduciendo ese margen, mientras otras lo mantienen, y algunas incluso están probando umbrales más estrictos en puntos negros de accidentes. Da la sensación de que alguien ha redibujado el mapa en silencio.

En autopistas, el cambio es aún más delicado. Los modernos radares de tramo, conectados en largas cadenas, calculan tu velocidad a lo largo de kilómetros en lugar de segundos. Ese «me pongo a 79–80 y listo» de repente suena menos relajado y más a riesgo calculado. Y los radares ya no son cajas que parpadean. Están siempre mirando, siempre despiertos.

Una mañana entre semana en las Midlands, un comercial de 42 años descubrió lo que eso significa en la vida real. Llevaba años confiando en el control de crucero a «un honesto 80» en tramos de 70. En sus palabras: «Todo el mundo lo hace, ¿no?». Entonces llegó un sobre de tres letras y una sorpresa desagradable: tres tramos distintos de radar de tramo en el mismo recorrido, tres infracciones, nueve puntos en una sola semana.

En redes sociales, se repite el mismo tipo de historia una y otra vez. Conductores que juran que solo iban «un par de millas por hora por encima» comparten capturas de su notificación de denuncia. En algunas ciudades, los consorcios de seguridad vial han reconocido que se están acercando a una aplicación estricta en zonas con choques graves repetidos. Los números hablan por sí solos: en algunas zonas piloto, las velocidades medias registradas bajaron 3–4 mph en los primeros seis meses.

Detrás de estas nuevas tolerancias hay una lógica más profunda, aunque no siempre parezca justa cuando eres tú quien recibe el flash. Hoy, las cámaras y el software de control son mucho más precisos que las cajas toscas de los 90. Aquel margen del 10% cubría en parte la incertidumbre técnica. Con la calibración digital moderna, esa excusa se está esfumando rápidamente.

Los analistas de seguridad vial también señalan las matemáticas brutales de la velocidad de impacto. A 30 mph, un peatón atropellado tiene una probabilidad significativamente mayor de sobrevivir que a 36 mph. Esas «pocas millas por hora» tienen caras y nombres en los atestados. Por eso, mientras los titulares hablan de «guerra contra los conductores», los memorandos internos en los cuerpos policiales hablan de objetivos de reducción de siniestros, estadísticas de víctimas y presión de los tribunales forenses.

Cómo conducir con las nuevas tolerancias (sin perder la cabeza)

El primer movimiento práctico es dolorosamente simple: apunta más bajo. Si el límite es 30, piensa en 28–29 como tu techo personal, no en 33. Ese pequeño cambio mental crea un colchón de seguridad que no depende de las tolerancias oficiales. Se trata de crear tu propio margen, uno que no dependa de lo generoso que sea el ajuste de la cámara este mes.

En autopistas y autovías, usa la tecnología con inteligencia. Un control de crucero fijado dos o tres mph por debajo del límite evita esos incrementos silenciosos y accidentales a 82 o 83. Muchos coches nuevos muestran el límite vigente en el cuadro; tómalo como una segunda conciencia, no como decoración de fondo. Tu objetivo no es coquetear con el umbral. Es mantenerte cómodamente lejos de él.

En una ronda urbana un viernes por la noche, el lado emocional de todo esto es evidente. Estás cansado, vas tarde, faros por todas partes, el navegador dando órdenes a gritos. Justo entonces la gente se pasa del límite sin intención real de correr. En un tramo de 30 que se siente ancho y vacío, 37 no «se siente» rápido desde el volante. Hasta que llega el flash.

Todos hemos oído la frustración en debates de barra y en las cocinas de oficina: «¿Por qué machacan a la gente por ir a 34 en un 30 en vez de atrapar a los verdaderos criminales?». La verdad es que la ley no se preocupa de lo ajetreada que haya sido tu semana. Y esos radares de esa ronda quizá estén ahí porque alguien no llegó a casa hace seis meses. Detrás de cada tolerancia ajustada en silencio hay vidas y medios de vida.

Los activistas de seguridad vial y los agentes suelen repetir una frase seca: «El límite de velocidad no es un objetivo». Esa línea adquiere un filo nuevo cuando las tolerancias se estrechan. Si tratas 30 como 35, 40 como 46, básicamente estás apostando por una regla que puede haber cambiado ya en tu zona. Y lo que está en juego ya no es solo una reprimenda y una multa. Con las primas de seguro disparándose ante la primera señal de puntos, puedes acabar pagando ese «poquito por encima» durante años.

Un alto mando de tráfico lo expresó con contundencia en una sesión informativa reciente:

«La tolerancia nunca fue luz verde para correr. Era una concesión técnica, no un pacto con los conductores. Estamos volviendo a lo que dice la señal: un límite, no una sugerencia.»

Hay una capa más silenciosa de todo esto de la que casi nadie habla. Cuando conduces constantemente al borde de lo que crees que permitirá el radar, tu cerebro está haciendo cálculos en segundo plano todo el tiempo. Miradas al cuadro, estimaciones, dudas. Esa atención no está en el niño del paso de cebra ni en la furgoneta que se asoma desde una calle lateral. Seamos sinceros: nadie hace esto de verdad todos los días en modo robot, sin distraerse nunca.

Para conservar la calma y el carné, ayudan algunos principios:

  • Conduce según la señal, no según el rumor del «10% más 2».
  • Usa control de crucero o limitador cuando sea posible, especialmente en zonas con radar de tramo.
  • Date un margen personal: apunta un par de mph por debajo del límite indicado.
  • Reaprende tus rutas habituales; muchas han sufrido reducciones silenciosas del límite en los últimos años.
  • Recuerda que las tolerancias pueden variar según la región y el tipo de vía, y pueden cambiar con el tiempo.

Lo que estos cambios significan de verdad para los conductores corrientes

A nivel personal, las nuevas tolerancias de los radares van más allá de las multas o los puntos. Van de confianza. Durante años, los conductores han construido sus hábitos sobre un entendimiento no oficial: pasarse un poco está «bien», siempre que no seas temerario. Cuando ese margen se reduce o desaparece en algunos sitios, puede sentirse como si las reglas se moviesen bajo tus pies.

Algunos responderán con enfado. Otros con alivio prudente, especialmente quienes caminan o pedalean por corredores urbanos rápidos y han aprendido a encogerse con cada SUV que pasa. En medio, hay una mayoría silenciosa que simplemente no quiere una carta desagradable del cartero y está intentando adaptarse a la nueva normalidad. Ahí es donde vive de verdad esta historia: en los microajustes cotidianos de millones de personas sujetando un volante.

Quizá la despedida real no sea a las multas, sino a una forma de «leer» el límite de velocidad. Se están acabando los días de tratar el número de la señal como un punto de partida para negociar. En su lugar, emerge una cultura más literal: 30 significa 30. O 28, si ya te han quemado antes.

Y aquí está la paradoja. Estos cambios de tolerancia pueden salvar vidas en silencio en los lugares donde el margen de error es más pequeño: trayectos escolares, calles principales de pueblos, arterias urbanas estrechas. Probablemente nunca sabrás de quién. Solo notarás un ritmo ligeramente distinto en tu conducción diaria, una nueva conciencia cuando esa caja amarilla aparece a la vista, y una pregunta que se queda en el fondo de tu mente un poco más de lo habitual.

Punto clave Detalle Interés para el lector
Tolerancias actualizadas Algunas regiones están endureciendo o estandarizando los umbrales de los radares Te ayuda a entender por qué pueden aumentar las multas aunque tus hábitos no hayan cambiado
Margen personal de seguridad Conducir 1–3 mph por debajo del límite reduce el riesgo de activar los radares Forma sencilla y práctica de proteger tanto tu carné como tu bolsillo
Conducción asistida por tecnología Usar control de crucero, limitadores y datos de velocidad en tiempo real estabiliza tu velocidad Facilita conducir con calma y dentro de la ley, especialmente en viajes largos o estresantes

Preguntas frecuentes (FAQ)

  • Pregunta 1: ¿Siguen siendo válidas en todas partes las reglas del «10% + 2 mph» para los radares?
  • Pregunta 2: ¿De verdad pueden distintas zonas usar tolerancias diferentes en los radares?
  • Pregunta 3: ¿Me pondrán puntos por ir solo 1 o 2 mph por encima del límite?
  • Pregunta 4: ¿Cómo puedo saber qué tolerancias se aplican donde vivo?
  • Pregunta 5: ¿Conducir ligeramente por debajo del límite es realmente más seguro o solo excesivamente prudente?

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!

Dejar un comentario